
El Plan Maestro estructura alrededor de 170 hectáreas en Valle de Guadalupe a partir de lo que el territorio ya contiene: la retícula de los olivos y los flujos naturales del sitio. Los escurrimientos se convierten en corredores vivos, los reservorios en hábitats dinámicos, y los senderos revelan distintas vocaciones del paisaje, desde huertos y jardines etnobotánicos hasta rutas entre viñedos y plataformas contemplativas. Lotes residenciales, club, hotel e hípico se articulan mediante una arquitectura fragmentada que coexiste con los olivos sin desplazar ninguno. La lotificación y los caminos siguen la geometría agrícola del sitio, con senderos peatonales, ciclistas y ecuestres que distribuyen las amenidades como red continua. La estrategia conserva, reforesta y promueve la producción local en una inmersión completa en el paisaje vitivinícola del Valle.








Colaboración
Módica Ledezma | Goma Taller
Fotografía de Maqueta
Rodrigo Chapa