
La nueva sede de la Academia Mexicana de la Lengua ocupa un edificio del siglo XIX en el Centro Histórico. El proyecto asume una postura crítica frente al patrimonio: conservar lo esencial, reinterpretar con claridad y actualizar sin imposición. En colaboración con el INAH, se preservaron fachada, muros de carga, vigas y patios, rescatados tras décadas de intervenciones acumuladas. La propuesta no busca replicar el pasado, sino darle continuidad desde una arquitectura sobria y atemporal. Los patios recuperan su escala original y vuelven a articular luz, aire y vida al interior. Nuevos elementos constructivos ligeros contrastan con la solidez histórica, subrayando un diálogo claro entre lo antiguo y lo nuevo: un espacio que celebra el lenguaje, la cultura y la memoria desde la arquitectura que los contiene.






Fotografía
Camila Cossio